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martes, 16 de junio de 2009
Un Pez A Contracorriente (I)
Muy buenas, amigos míos.
Como parte del universo de Superhéroes INC, aquí os traigo el primer capítulo de la historia de uno de los Justicieros más famosos que aparecerán en mis partidas. A pesar de emplazar su historia en el inicio de sus andadas, en éste (y los próximos) capítulos seremos testigos de sus encuentros con algunos de los Metahumanos más famosos de este juego.


-¡Primo, date prisa que en nada tenemos a los maderos encima!
-¿A estas horas quien coño habrá avisao a los guripas?
-Tú date prisa…

Eran pasadas las 5 de la madrugada de aquel 18 de Julio de 1983, en el barrio de Sants de una Barcelona en la que aún habían algunos que no pensaban irse a la cama, y otros se levantaban para ir a cumplir sus quehaceres. Pese a que aquella era una ciudad que no dormía, Javier tenía razón en eso de que a esas horas la calle permanecía desierta, y la situación era perfecta para robar aquella belleza: un Seat 124 Sport Coupé, un coche que sería perfecto para el trabajillo que les esperaba a primera hora de la mañana…

Todo eso si Javier no la fastidiaba rompiendo el cristal o algo peor. El chaval había aprendido, a base de collejas, a ser buena gente, pero seguía siendo más tonto que una escuela de retrasados. A pesar de que era el mejor con las cerraduras, su arte no podía compararse con lo que hacía José, o mejor dicho, cómo lo hacía…

-¡Ya está!
-Joder macho, ya era hora… métete dentro que yo lo puenteo.

Aquella era la rutina de siempre. Una vez conseguía arrancar un coche, José se fusionaba con él, convirtiéndose en un espíritu libre de la carretera, y nada ni nadie, ni siquiera verjas, paredes, o la mismísima Benemérita con todos los batallones de Barcelona al completo conseguían detenerlo. Sus fugas habían empezado a convertirse en leyenda…

Pero en aquellos instantes, lo mejor era empezar a tomarse las cosas con calma; ya habría tiempo para correr después.

-Venga, arreando que es gerundio –dijo una vez consiguió hacer rugir el motor.
-¿Y dónde han dicho los payos esos que nos están esperando?
-En un taller abandonado, en el barrio de Pedralbes.
-Hostia, pues eso está a solo unos diez minutillos como mucho. ¿Podríamos ir a…?
-Ni de coña, macho. Nos dijeron que cuanto antes llegásemos, mejor.
-Joer, pues vaya mierda.
-Tú calla, que si todo sale bien tenemos pa mantener a la familia entera durante un año, al menos. Y eso sin juntar nuestras partes.

Aquel iba a ser el golpe perfecto, el que llevaría algo de tranquilidad a sus vidas aunque fuese durante tan poco tiempo. Había mucho dinero en juego, y los otros dos interesados estaban interesados en quedarse sus partes para ellos y ser ricos, pero ellos habían decidido repartirlo entre los suyos, sólo para vivir. La familia estaba mal desde que el caballo había llegado; el año pasado murieron dos de sus primos y habían otros seis jóvenes de la familia con la mierda hasta las rodillas.

Pero todo eso se acabaría. Daba igual el cuándo y el cómo, pero no pararía hasta conseguirlo.

Y si hacía falta, se dejaría la vida en el intento.

-Oye primo, ¿Qué sabes de los que nos tienen que ayudar?
-Lo primero, es que no les digas que nos están ayudando. Somos un equipo, ¿entiendes?
-Claro, claro.
-Y lo segundo, es que no nos han dado sus nombres, ni ellos saben los nuestros.
-¿Pero qué me estás contando? ¿Y como vamos a llamarles? ¿Y ellos a nosotros?
-A eso iba. El grandote que me buscó para el trabajo me dijo que lo llamásemos “Ogro”. Al que habla como si fuese un gabacho, lo tenemos que llamar “Mage”.
-¿”Meich”?
-Algo así.
-¿Y nosotros, qué?
-Pues a mi me llamarán “Pescadilla”, igual que el resto del barrio. Y como tú no tienes apodo y eres mi primo, pues le dije que te llamaríamos “El Primo”.
-¿El Primo? ¡Macho, no me jodas!
-No te quejes que es peor… Deberías darme las gracias, el barrio entero conoce mi apodo, y si los maderos asoman la napia por casa…
-Bueno… Pero que sepas que no me gusta.
-Sobretodo, ten cuidado con ellos. Yo diría que esos tíos son profesionales y están muy bien preparados.

***

Cuando llegaron al viejo taller, una vieja nave en al que apenas cabrían tres autobuses en paralelo, con el techo de las esquinas del fondo medio caído, se encontraron con la puerta cerrada, pero sin candado ni cerrojo, como pudo comprobar El Primo cuando bajó del Seat. Abrió las puertas de par en par para que El Pescadilla pudiese entrar con el coche, y después cerró las puertas tras de sí cuando éste cruzó el umbral. Apagó el motor y salió a la oscuridad de la nave, observándolo todo a su alrededor.

-¡Mira tú por dónde! ¡Y yo que pensaba que ibais a llegar tarde como buenos gitanos que sois.

Ambos primos se giraron al mismo tiempo hacia el lugar dónde había provenido aquella voz, aunque Javier con tal vez algo más de furia que José. Pero toda rabia se disipó cuando vio a la gran mole de músculos que se dirigía hacia ellos…

El Primo nunca había visto a nadie tan grande, ni tan musculoso, y eso que “El Hueso” era famoso en la familia por volcar un “Seiscientos” sin más ayuda que sus manos, y comerse una pata de jamón entera en tan solo una tarde. Miró bien su cara, y se dio cuenta que debería tener su misma edad, ya que apenas tenía cuatro pelos rubios por barba, y el pelo cortado a cepillo parecía haber sido esculpido por las tijeras de costurera de su madre… Y no obstante, su cuerpo ni siquiera parecía suyo, a pesar de que el cuello era un triangulo que se ensanchaba exageradamente cuanto más se alejaba de esa cabeza que parecía demasiado pequeña en proporción…

Desde luego, su primo José tenía razón cuando dijo que esos tipos eran profesionales y estaban preparados.

Profesionales, preparados, y además peligrosos.

-Hola Ogro, éste es mi Primo.
-Hola Primo. Espero que no la cagues con la cerradura…
-¡Soy el mejor desvalijante de toa Barcelona, payo!
-Ya, claro… ¿Sabéis dónde coño se ha metido el franchute?
-No, ni idea…
-La madre que lo parió… cómo nos la meta, os juro que le romperé el cuello como a un pollo…
-Tal vez debería transformarte en un pollo, Ogro. Así al menos le sacarías más partido a tu diminuto cerebro…

Sonó una voz con cierto acento francés de donde habrían jurado que era imposible que saliese.

A pesar de que unos segundos antes no había nadie ahí, justo detrás de Ogro apareció un hombre de estatura media y un traje negro impecable, de solapas anchas con el forro de color carmesí. En su garganta, gracias al cuello abierto de la camisa, se veía que llevaba colgado un pequeño cristal del mismo color, enganchado a una cadena de plata, el cual emitía reflejos anormalmente brillantes para la poca luz que entraba en el garaje. En la mano derecha sostenía un cigarro encendido, pero tras observar un durante un momento detenidamente, el Pescadilla pudo caer en la cuenta de que nunca se consumía. En cuanto a su cara no tenían nada especial, era un rostro lo que se dice muy común, pero… por alguna razón, a los dos primos tenían la sensación de que si apartaban su vista de él, olvidarían su cara rápidamente. Como si aquel rostro fuese demasiado común. Pese a que aquel hombre parecía mucho más débil físicamente que Ogro, éste se había vuelto rígida y lentamente hacia él, completamente pálido.

-…aunque claro, ¿Qué sería de nuestro trabajo sin tu formidable fuerza? –Y sonrió. Aquella sonrisa pareció quitar toda la tensión que estaba flotando en el ambiente. De hecho, incluso Ogro relajó todos sus músculos y pareció mucho más calmado que antes.
-Bueno, Señor Mage, según me dijo Ogro, usted es el cerebro de la operación, así ya nos dirá lo que hay que hacer.
-Por supuesto. ¿Tienen ustedes dos alguna experiencia con armas de fuego?
-Pues mire usté -dijo el Primo- aquí a mi primo nunca le han gustado las armas de fuego, dice que le dan mal fario. Pero yo tuve la suerte de tener un tío en la Benemérita, que me dejaba disparar a las latas de Fabada desde que era un crío.
-Bien, entonces dejaremos al Pescadilla esperando con el motor en marcha mientras nosotros asaltamos el banco de diamantes…

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Escrito por: PrrrK_03 a las 15:33 | 0 Comentarios
 
     
 
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