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viernes, 12 de junio de 2009
La Saga de Las Puertas
(Ilustración hecha por Aku. Gracias ;) Que gay queda el guiño xD)


En nuestro mundo no importa el tiempo, no hay lugar para él. Lo que nuestros antepasados hicieran no importa, todo ha cambiado desde entonces. Lo que pueda pasar en el futuro no depende de nosotros, solo de los caprichos de nuestros carceleros, por lo que el futuro es algo en lo que no pensamos. En nuestro mundo solo importa el ahora. Y ahora, en este momento, puedo ver La Puerta en el horizonte. No me alegro, se que me dejan verla, saborear la victoria, porque eso es lo que quieren. Hacerme pensar que he logrado superar otra de sus pruebas, que sienta la esperanza, para en el último momento arrancármela cruelmente. No, hace tiempo que dejamos de sentir esperanza alguna, solo luchamos por sobrevivir, alimentados y movidos por nuestra sed de venganza. Ya he atravesado varias Puertas, no me dejare engañar, estoy preparado para lo peor. Clavo la lanza en el suelo y ato la piedra-faro a ella, que con la cercanía de la Puerta activa su encantamiento y empieza a emitir un intenso resplandor hacia el cielo. La Puerta está marcada. Me encamino sin mas demora hacia ella, sabiendo que probablemente moriré, pero no importa, mientras la magia de la piedra siga activa y La Puerta no cambie su ubicación, mi pueblo verá su luz llamándolos y guiándolos hacia la salida, otros seguirán mis pasos, y alguno lograra atravesarla.

Mientras ando por estas tierras desérticas veo huesos semienterrados a mis pies, huesos de los míos y de las bestias contra las que lucharon antes de caer. En toda la Prisión es así, nuestro camino esta formado por los muertos de nuestros hermanos y nuestros enemigos. Miro mi piel en busca de alguna señal, pero no hay nada, todo parece tranquilo, y eso me asusta. Hace tiempo que aprendimos del miedo, el miedo ha sido lo que nos ha hecho seguir vivos. Me dejo alimentar por él y lo uso como arma. La Puerta está cerca, me separan de ella cien metros aproximadamente. Una pequeña carrera y la alcanzaría, tal vez por una vez sea mas rápido que la Prisión... Cojo mi puñal de piedra y comienzo a correr con todas mis fuerzas. Mis pies van dejando marcas en el suelo seco y quebradizo mientras llevo mi cuerpo al limite en una carrera con la que se que no conseguiré nada. Mi piel comienza resplandecer con una suave luz azul y empiezo a sentir un cosquilleo incesante por todo el cuerpo. Los carceleros están actuando, debo darme prisa. Cuanto mas me acerco mas se intensifica la luz que me avisa del peligro, pero no debo rendirme, tengo que conseguir escapar a cualquier precio. El cosquilleo se hace insoportable, esta vez el peligro es grande, pero no debo dejarme llevar por el pánico, tengo que usarlo para dar fuerza a mis músculos y continuar corriendo hacia la salida. Ya queda poco. El suelo bajo mis piés comienza a temblar y a resquebrajarse. Me veo obligado a ir saltando, esquivando las profundas grietas que van apareciendo y creciendo frente a mí. Trozos de piedras afiladas abren pequeños cortes en la planta de mis pies, una de las pocas zonas de mi cuerpo que no está protegida por la magia. Pero no debo hacer caso al dolor, ahora no, casi he alcanzado mi objetivo. La Puerta, ya veo que hay al otro lado, esta vez puedo conseguirlo. Pero no, como esperaba, en el último momento la Prisión actúa arrebatándome la esperanza. El suelo bajo la puerta se abre y de sus profundidades aparece un muro de piedra lisa que eleva la puerta sobre mi cabeza. Exhausto me dejo caer al suelo viendo como la Puerta se aleja cada vez más y más de mi, hasta que el muro deja de crecer. No está realmente lejos, pero el muro es impracticable, su superficie es completamente lisa. Maldigo a mis carceleros y golpeo furioso la tierra que ya ha dejado de temblar.
Mi piel deja de emitir su luz, parece que los carceleros han decidido que esta será su última prueba para atravesar La Puerta. Me levanto dolorido por el esfuerzo de la carrera y me acerco lentamente al muro. Mis pies van marcando mis pasos con la sangre de mis heridas. Al llegar al muro miro hacia arriba, la Puerta esta a unos 40 metros. Si hubiera un modo de poder escalar el muro... Entonces, como si los carceleros pudieran leer mi mente aparecen en la superficie unos huecos y asideros, perfectos para colocar mis manos y pies, que ascienden y se dirigen directamente a la Puerta. Casi lo había olvidado, siempre te dejan una última esperanza... Vuelvo a guardar el puñal en el cinto y me dispongo a escalar el muro. Los huecos que se han abierto en él parecen hechos a medida, mis manos caben perfectamente. Comienzo a subir, lentamente, seguro de que antes de conseguir mi objetivo un nuevo peligro caerá sobre mí. Cuando ya he conseguido escalar unos 15 metros mi piel comienza a brillar. Al ver la señal de amenaza acelero el ritmo. Mientras subo empiezo a escuchar un zumbido que se va intensificando poco a poco, al igual que el resplandor de mi cuerpo. Unos agudos chillidos comienzan a taladrar mi cerebro. Me paro un momento y miro hacia abajo, de donde proviene el ruido, y veo su fuente. De una de las grietas abiertas anteriormente en el suelo comienzan a salir unas grandes criaturas aladas. Son bestias enormes, de el extremo de un ala a otra deben medir unos tres metros. Su cuerpo esta cubierto de un pelo oscuro y brillante, sus alas son grandes y membranosas. Tienen afiladas garras y en sus grandes bocas, abiertas para emitir esos molestos gritos, se pueden apreciar unos largos y afilados comillos. Vampiros. Vuelvo a coger el puñal y comienzo a escalar, mas deprisa que antes. Son demasiados, y en mi actual posición no duraría mucho contra ellos. Tengo la ventaja de que su vuelo es lento, pero aun así estoy seguro de que llegaran a mí antes de que logre atravesar La Puerta. Cuando estoy a apenas 5 metros de alcanzar mi objetivo el hueco en el muro donde había colocado mi mano izquierda se cierra, atrapándome los dedos y abriendo un profundo corte en ellos. Doy fuertes tirones, desgarrándome la piel, el dolor ahora no importa, solo hay una cosa en mi mente, y es sobrevivir, vencer a la Prisión. Mientras intento soltar mi mano siento un fuerte golpe en mi espalda que me hace estrellarme contra el muro. Me giro dando golpes al aire con el puñal. Los Vampiros ya están a mi alrededor. Se lanzan sobre mí, la magia me protege de sus afiladas garras, pero noto sus golpes. Por ahora puedo resistir, pero cuando la magia se agote y deje de protegerme, estaré acabado. Una de las bestias se lanza sobre mi garganta y clava sus afilados colmillos. Siento como me atraviesan la piel y comienza a beber de mi sangre. Las bestias son listas, como todas en esta prisión, saben que el único lugar desprotegido de mi cuerpo es el cuello y la cabeza, además de las palmas de las manos y las plantas de los pies. Agarro con fuerza la empuñadora de mi arma y la clavo en el vientre de la alimaña. Con fuerza comienzo a tirar hacia abajo, desgarrándola y dejando que su sangre y tripas inunden mi cuerpo. El tirón hace que los colmillos del Vampiro desgarren la carne de mi cuello, causándome un inmenso dolor. Chillando la bestia suelta mi cuello y cae muerta golpeando fuertemente contra el suelo bajo nosotros. Las demás bestias siguen intentando atravesar mis defensas mágicas, y poco a poco lo van logrando, ya empiezo a notar pequeños arañazos en mi piel. Mientras mantengo a los Vampiros alejados de mi ensangrentado cuello y cara, continúo intentando soltar mi mano de su presa. Al final, con un fuerte tirón consigo sacarla. Apenas mantengo el grito en mi garganta por el dolor que me produce. La mano está ensangrentada y completamente desgarrada. Puedo ver el hueso de uno de mis dedos, y probablemente tenga alguno roto. A pesar del estado de mi mano puedo continuar subiendo. Dolorido comienzo de nuevo el ascenso por el muro, ahora mas lentamente, luchando desesperadamente contra las bestias y el dolor a cada metro. Cuando estoy a solo dos metros noto un dolor punzante y ardiente en mi espalda. Ya está, la magia a dejado de protegerme, pero estoy tan cerca... Ignorando las garras que atraviesan y desgarran mi piel continúo subiendo. Colmillos se clavan en mis piernas y brazos y comienzan a beber de mi sangre. El peso de mi cuerpo se intensifica al tener que arrastrar las bestias que me apresan. Pero ya no me importa, aunque muera, debo cruzar la Puerta. El sonido de los Vampiros chillando y revoloteando a mi alrededor apenas llega a mis oídos. Estoy mas allá del dolor, ya no siento nada. Es el instinto el que tira de mí. Lo único que busco es la salida, lo único que importa es atravesarla, vencer a nuestros carceleros. Llego al borde de la Puerta y con un último esfuerzo arrastro mi ensangrentado cuerpo através de ella. Los vampiros que tenía enganchados a mi cuerpo chillan y caen muertos por la magia que les impide atravesar la Puerta. Me arrastro al otro lado del umbral, dejando a mi paso un reguero de sangre. Cuando estoy al otro lado me doy la vuelta y me quedo de cara al cielo. Con mi último aliento miro a mi alrededor. Estoy rodeado de árboles. Un paisaje muy diferente al terreno desértico que acabo de atravesar. Sonrío al cielo mientras veo como todo se va volviendo oscuro y un manto de frío intenso me arropa. Al menos mi última batalla la gané yo, he atravesado una nueva Puerta. Estoy en el anillo numero 13.

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Escrito por: Yisus_Lol a las 12:34 | 8 Comentarios
 
     
 
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